LAS PERFOMANCES INVENTARIADAS
De Nora Lezano
Desde el instante más mínimo hasta el souvenir más pequeño, Nora Lezano mantiene una obsesión por registrarlo todo. Sus primeros cabellos conservados por su padre, de quien hereda la maldición acaso divina, ya signan un destino marcado por la incesante labor del acopio y la captura.
En sus performances inventariadas, la fotógrafa abre su archivo personal al público y ocupa el espacio con remeras escritas, credenciales de prensa, CDs, libros, revistas, púas, cassettes de contestadoras de teléfonos, cartas de novios de la adolescencia, diarios íntimos, dibujos, autógrafos, autorretratos, fotografías a estrellas de rock de su propia autoría y obras de otros artistas realizadas para ella.

Nora Lezano y Charly García
Tanto en Inventario (2019) como en desInventario (2024), el público recorre el espacio de exposición para descubrir un patrimonio que se despliega entre la biografía privada y la carrera pública. Se evidencia así una "existencia (que) se inmiscuye indisolublemente dentro de su producción estética y borra las fronteras entre vida y obra" (Emilio García Wehbi).
Entre el museo y el teatro, la segunda obra de este díptico —constituido accidentalmente— introduce una novedad: el espacio recorrido por el público es desarmado por la propia Nora, quien, meditativamente, va recogiendo y guardando cada uno de los objetos presentados. Ya en su butaca, el espectador asiste a la proyección de una serie de registros audiovisuales, fotográficos y de audio que lo involucran todavía más en la intimidad de la artista, que va desde los ronquidos de su perra Blanqui hasta momentos compartidos con Charly García y Fito Páez.
